SITO VIII

En estos nueve años, mi bosque ha experimentado bastantes cambios. Algunos son terribles, como que caiga un gran árbol o algunas de sus enormes ramas. Tenéis que saber que ese triste acontecimiento es algo habitual en un bosque antiguo como el mío. No pocos robles centenarios o hayas de parecida edad han acabado en el suelo, casi siempre por los vendavales de invierno.

Otras veces, una gran nevada tiene efectos parecidos. Y ya sé lo que estáis pensando, que la famosa Filomena causó también estragos por aquí. Os puede parecer mentira pero no fue así, aunque nevó casi tanto como en la capital. Ocurre que hayas y robles están adaptados a casi cualquier inclemencia del invierno. Pero sí ha sido trágica la nevada de mediados de noviembre, que pilló a muchos árboles con hojas y ¡esas sí que recogen nieve! Árboles y ramas enormes han acabado en el suelo. 

Poco antes tuve una desgracia que me afecta directamente. Una gran rama del Roble del Río, junto a mi casa, se desplomó una noche. En esta ocasión la lluvia y el viento hiceron que se agrandase rápidamente una grieta y el peso hizo el resto. El vecindario está revuelto, porque aunque en la nueva rotura encontramos no pocas larvas, descubrimos que lo que queda en pie amenaza ruina, con largas brechas en las ramas. Desde entonces siempre pienso, cuando veo un grupo en la Senda del Río, que quizás sea el último que admire así mi casa.

Otros cambios de estos años han sido para bien. Dos cosechas de hayucos han germinado y ha aumentado el número de jóvenes hayas en el suelo del bosque. Muchas se helarán o se secarán, pero como no se pisa fuera del camino, el resto podrá irse incorporando al arbolado del bosque. Y algo parecido está pasando con los robles, melojos, cerezos, acebos… Poco a poco van aumentando su número.

Y aumentar el número de árboles es lo que hicieron las integrantes más jóvenes de la Casa Real. Las dos Altezas Reales, junto con muchos jóvenes de su edad, plantaron este verano cinco hayas y un tejo en La Plaza, cerca del Haya de la Roca, en su primer acto oficial en solitario.

Hablando ya de cuestiones de actualidad, enero está siendo frío. Pero frío de verdad. Hemos estado más de 15 días con fuertes heladas, de hasta 8º bajo cero. En las zonas más umbrías se ha ido acumulando la escarcha y pareciera que allí hubiese nevado. Todas las salpicaduras del río han ido formando gruesas costras de hielo y en las zonas húmedas, los cristales de hielo levantan la primera capa de suelo hasta 10 cm

Pero nada comparado con otros inviernos legendarios. Como el de 2012, cuando el Jarama se congeló por completo y las vacas andaban por encima sin tan siquiera hacer huella.

Y lo que tiene ser especies de montaña, no hemos parado ni con estos hielos. Mientras busco comida, distingo a los bandos de mitos desplazándose por los robles, a los machos de carbonero común que creo que ya empiezan  a reclamar su territorio y a la garza acechando truchas en el borde del Jarama. Pero no toda la actividad es nuestra, de las aves. Desde aquí alcanzo a ver un azafrán serrano ya florecido.

Y me despido hasta el mes que viene, que intento retomar mi crónica de forma mensual.

Un fuerte abrazo.

Sito. Enero de 2022

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