Sito X

Hola de nuevo. Resulta que en marzo, la meteorología ha vuelto a ser noticia. Y no solo aquí, que seguro que donde vivís también ha sido fuente de conversación.

Os dejé hace un mes diciendo que la primavera, desafortunadamente seca, estaba lanzada. No está siendo así por ahora. Las esperadas lluvias llegaron, y aquí han sido generosas, 145 l/m2 en marzo. En otros lugares han provocado inundaciones, pero aquí han sido muy bienvenidas.

Y también han resultado extrañas, porque en más de una ocasión hemos tenido una lluvia de barro. Mis colegas periodistas de las televisiones nos han
saturado con ese fenómeno, la calima, el polvo del Sahara en suspensión que aunque conocido, no deja de llamarnos la atención, sobre todo cuando es tan al norte.

Lluvia de barro

Polvo en suspensión

En lo que respecta a la vida en mi bosque, marzo ha sido el mes de las aves. Mis congéneres han ido poniendo el Hayedo en “modo primavera”. Os lo explico: empiezan a ser menos frecuentes las aves de invierno. Como la garza real, que se ha avistado mucho hasta este mes río arriba y río abajo, pero cada vez es menos frecuente.
Ahora aparecen pájaros más estivales. Algunos solo migran de forma parcial, como los petirrojos, que han subido de los pueblos y de otras zonas más cálidas a reproducirse en el Hayedo.

Petirrojo (Erithacus rubecula)

Y el resto cambiamos de comportamiento. Algunos de mis parientes reyezuelos, atolondrados, se dejan ver de cortejo por toda la Senda del Río, incluso por los visitantes humanos. Los mitos han deshecho sus
grupos invernales y empiezan a alimentarse y a buscar emplazamiento para el nido por parejas. En cada rincón del robledal y del Hayedo se oye sin parar el chichipán de los carboneros y el chichiriichiriichuaaaar de los herrerillos. Los arrendajos no paran con sus graznidos, ni los trepadores azules con su inconfundible tui. Por cierto, estos gamberros se han peleado con mis hermanos, con todos los pequeños insectívoros e incluso con los picapinos.
En un tronco de roble muerto, al lado del Haya de la Pata de Elefante, están cerrando con barro la entrada de un viejo nido de picapinos, señal inconfundible de que quieren criar en él. Y buscando por el Jarama al mirlo acuático descubrí hace unos días un congénere poco habitual por aquí, un andarríos (Actitis hypoleucos) que remontaba la ribera izquierda con su particular zigzagueo.

La lluvia y los días nublados (aunque haga frío, el sol directo “espabila” a muchas plantas) y cierto frío a finales de mes, parece que han frenado brotaciones y floraciones. Veía con preocupación cómo muchos árboles y arbustos estaban adelantando su actividad, pero parece que ha habido tregua.

Sí han seguido floreciendo las plantas de ras de suelo, esas que si lo dejan para más tarde no tienen suficiente luz porque les hacen sombra las hojas.

Azafranes serranos, violetas (en el Hayedo hay al menos cuatro especies diferentes), hepáticas, margaritas… tesorillos escasos y difíciles de encontrar entre la hojarasca que anticipan próximos esplendores. La hepática (Hepática nobilis), que no hay que confundir con otras hepáticas muy diferentes que abundan en las zonas encharcadas, es también de esas especies que tienen flores de dos colores, morado y blanco, pero no en el mismo ejemplar.

Hepática (Hepatica nobilis)

Aceitera (Meloe proscarabaeus)

Mariposas y otros invertebrados también han detenido su fenología. He seguido viendo limoneras y otras mariposas, pero muchas menos que en febrero. Ya he observado la primera aceitera de esta temporada, la “metálica” Meloe proscarabaeus.

Y andando rápidamente por un tronco (se me escapó por poco) al extraordinario ácaro de terciopelo rojo, un increíble miembro de la familia de los Trombídidos.

Y termino con una de las novedades que más alegría me ha dado, el Jarama, que ha vuelto a ser ese río cantarín de montaña. No es que hubiese perdido todo su caudal, pero había bajado tanto que anticipaba mal verano. Lluvias y nieves le han devuelto su aspecto primaveral.

Río Jarama

Un saludo y hasta que acabe abril,

Sito. Marzo de 2022

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