Sito XIII

Hola de nuevo. Con el solsticio de verano y unos pocos días más, estamos en el ecuador del año.

Junio también ha sido fuente de noticias meteorológicas. Igual os aburre un poco, pero como nos afecta a los habitantes de este bosque, es objeto de mis crónicas. Esta vez ha sido una OLA DE CALOR, que podría parecer normal porque cada vez son más frecuentes. La que sufrimos entre el 10 y el 18 de junio ha sido la más temprana desde que hay datos fiables, con una máxima de 32,3ºC.

Por eso ha habido cambios fenológicos, adelantos todos, entre los protas de este mes. Es el caso del orégano, que ha comenzado a florecer en las solanas y eso que suele ser de finales de julio. O el acónito blanco, aquí una de las flores típicas de mediados del séptimo mes.

Otras flores menores han estado menos adelantadas: los amarillos sedum e hipéricos, las brunelas blancas y azules, los gladiolos, los serpoles, las ortigas fétidas… Cada una en su ambiente, rompiendo por el suelo la verde monotonía del helecho común.

Acónito blanco (Aconitum vulparia)
Satirión blanco (Plantathera bifolia)

Un par de rarezas me han llamado la atención, dos orquídeas que, aunque no supongan sorpresa para los botánicos, a mí me hacen mucha ilusión. Solo una tiene nombre común, el bellísimo satirión blanco. La otra es la Epipactis microphylla, mucho más discreta.

La fauna ha tenido un comportamiento más esperado. Ha destacado el progresivo despliegue de mariposas, con la incorporación al vuelo de multitud de nacaradas y de ícaros.

Yo destacaría la explosión demográfica de la polilla concha amarilla y la abundancia de las medio luto en comparación con las escasas esmeralda clara y la ninfa de los arroyos.

Mi congéneres y yo, como muchos otros pajarillos forestales, ya estamos con la segunda generación de este año. La primera se ha sumado al contingente de aves del bosque. ¡Ojalá tengan mucha suerte y escapen de los peligros que les esperan!
El proceso de emancipación de algunos picapinos ha sido muy llamativo. Es curioso que un insectívoro haya estado varios días enseñando a sus crías a comer las cerezas de un morrino en la
entrada del bosque. Y de paso, a picotear y buscar bajo las cortezas de los robles.

Pico picapinos (Dendrocopos major)

Al reclamo de las cerezas también se han sumado los habituales, arrendajos y mirlos. Con sus excrementos dispersarán sus semillas y son claramente los responsables de que haya cada vez más de estos árboles en muchos claros.

Otros animales no son tan fáciles de descubrir. Si no fuese por la potente ladra de los corzos, pensaría que no habitan por aquí. Y el otro día me sobresaltó el vuelo de una cigüeña negra, que solo veo en verano, remontando el Jarama. Y por el aviso de un educador a su grupo, comprobé que en mi bosque siguen criando las víboras.

Víbora hocicuda (Vipera latastei)

Me despido ya, esperando que alguna tormenta de verano recargue el Jarama, que ha visto muy mermado su nivel. Eso sí, deseo tormentas sin granizo ni peligrosos rayos.
Hasta el mes que viene,

Sito. Junio de 2022

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